Blog de crítica de la cultura y otras balas de fogueo al gusto de Óscar S.

Encuadre: página de "Batman: Year One", Frank Miller y David Mazzucchelli, 1986-7, números 404 a 407 de la serie.

miércoles, 17 de marzo de 2010

La verguenza propia

Hay una manera infalible de ser infeliz sin que concurran circunstancias desgraciadas en la vida de uno: consiste en tener la conciencia hipertrofiada y la voluntad bajo mínimos. Al que le sucede lo contrario está más cerca de la bestia rubia deseada a veces por Nietzsche, y en general le va mejor. Otra cosa es al mundo, claro. El vergonzoso por deshonor (o por amor propio, pero en un sentido no cosmético, a la manera del Lord Jim de Conrad) es más controlable, sin duda, y por tanto será fomentado por los sistemas políticos autoritarios. La sinvergonzonería robusta, en cambio, genera admiración y hasta envidia, y será fomentada por organizaciones sociales desrreguladas, anárquicas en la adquisición de riqueza y poder como la nuestra. Una prueba más, en fin, de que las relaciones, por así decirlo, "económicas", entre vida y moral son más ambíguas que Miguel Bosé, y lo malo es que por ahí debe haber mucha gente estudiándolas para vendernos cualquier cosa -no nos queda otra, pues, que estudiarlos a ellos.

2 comentarios:

  1. El término clínico para ese sentimiento de infelicidad es "anhedonia". Supongo que sabes por qué.

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  2. La pregunta es si lo saben ellos, porque para traducirlo malamente al griego no hay que estudiar mucha psicología... Pero el que tiene demasiados escrúpulos y poca decisión para vivir acorde a ellos tampoco es infeliz todo el rato: le falta, precisamente, resolución para ello, y se olvida superficialmente.

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